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El tráfico de drogas no es un problema exclusivo de Brasil, lo que cambia de un país a otro son las formas de combatirlo. En todas las grandes ciudades es posible comprar drogas, explica Lemgruber que puntualiza que, además, “en Río de Janeiro una persona de la (acomodada) zona sur de la ciudad puede llamar a un “disk delivery” y recibir la droga en la puerta de su casa”. Para esta socióloga, lo que las autoridades denominan como combate al tráfico de drogas es una desigual y violenta persecución de la venta de drogas al por menor en las favelas. “La favela no tiene refinaría de cocaína, ni plantaciones de marihuana. Todos sabemos que las grandes cantidades de droga se desplazan por el país con la protección de policías corruptos e, inclusive, de las Fuerzas Armadas”, declara esta investigadora que considera que no existe crimen organizado en Brasil sin la colaboración de la policía. “Los propios policías que incautan armas un día en una favela se la venden después a otra banda criminal”, describe ella, con un inciso para aclarar que no considera que la totalidad del cuerpo policial esté corrompido.