Hace diez años, Portugal lanzó un experimento que pocos países se habían atrevido a considerar: la descriminalización de la posesión y consumo de drogas, incluyendo aquellas sustancias consideradas “duras” en algunos países, como la cocaína y la heroína.

Estos cambios en la legislación y las políticas nacionales referidas a drogas en Portugal marcaron un punto de quiebre para el país y constituyeron un hito en las políticas internacionales sobre drogas. En lugar de tratar de disminuir el consumo castigando a los consumidores de drogas, las nuevas medidas consideran que las drogas son sustancias ilegales pero ya no tratan su consumo como un delito. Los cambios son también particularmente significativos para Portugal, un país conservador marcado por antecedentes de gobiernos fascistas y por una Iglesia Católica que mantiene una poderosa influencia sobre la política y la vida social.

Las reformas en Portugal no se han limitado a tratar la posesión de drogas como una infracción administrativa; éstas también incluían un amplio rango de medidas, como la prevención y educación social para persuadir a quienes usan drogas controladas que dejen de consumirlas, la reducción de daños, el tratamiento para consumidores dependientes y el apoyo para reintegrar a los consumidores a la sociedad.

Contrariamente a las preocupaciones iniciales en relación a la nueva estrategia de Portugal, estudios han demostrado que el número de consumidores de drogas no ha aumentado significativamente, y que éste incluso se ha reducido en ciertas categorías. Adicionalmente, ha disminuido de manera general el número de personas con enfermedades relacionadas a las drogas (como el VIH y la Hepatitis B o C).

Según expertos portugueses e internacionales, estas tendencias positivas están afianzadas en políticas sobre drogas que ofrecen tratamiento a consumidores dependientes de drogas, en lugar de tratarlos como delincuentes. Los niveles de consumo de drogas en Portugal figuran actualmente entre los más bajos en la Unión Europea.

Aunque las nuevas políticas están a menudo sujetas a debates y disputas internos, mayormente en relación a costos económicos, las políticas de descriminalización y la filo- sofía que subyace a éstas no han generado verdadera controversia. Éstas se basan en un consenso entre los políticos y la sociedad portuguesa en su conjunto.

Los efectos del experimento en Portugal con las políticas sobre drogas han sido corro- borados por la investigación, y la reacción de los portugueses ante ellas ha sido verificada por estudios confiables; esta experiencia puede y debe ser una lección para un mundo atrapado en una fallida “guerra contra las drogas”. El carácter innovador del enfoque portugués demuestra que no son los generales, oficiales de policía o jueces penales, sino más bien los doctores, trabajadores sociales e investigadores quienes necesitan abordar los temas referidos a las drogas.

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