El principio de “coherencia de todo el sistema” fue introducido en el raciocinio y la gestión de políticas de la ONU, en el contexto del intento por alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio, establecidas por la Declaración del Milenio en el año 2000. El objetivo era hacer más efectivo y coherente el trabajo de la ONU, al integrar y conectar las numerosas áreas (desarrollo, asistencia humanitaria, misiones de paz, etc.) en las cuales actúa la organización. En años recientes, se ha vuelto cada vez más evidente que el suministro, la distribución y la demanda de las drogas sólo pueden entenderse y manejarse tomando en cuenta factores económicos, políticos, sociales y culturales. La complejidad y la naturaleza transversal del problema mundial de las drogas, hacen que ésta sea también un área en la cual resulta verdaderamente esencial contar con una respuesta coherente entre las diversas agencias y programas de la ONU, así como entre las intervenciones nacionales y transnacionales.

En consecuencia, la coherencia de todo el sistema es un concepto importante que representa uno de los pilares de nuestra labor de incidencia política a escala global. La comunidad internacional debe garantizar que los intereses de la fiscalización de estupefacientes de los organismos pertinentes de la ONU estén adecuadamente equilibrados y coordinados con otras áreas relevantes de la cooperación internacional: el desarrollo económico y social, la promoción de la salud pública (especialmente, de la lucha contra el VIH/SIDA y la hepatitis) y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Ello requiere más estrecha cooperación entre los organismos de la ONU que trabajan sobre estas cuestiones, y acabar con el encasillamiento de los debates sobre políticas de drogas en un aspecto limitado del sistema, centrado en la aplicación de la ley y con exclusión de otras consideraciones importantes.