En septiembre, la Comisión Global sobre políticas de drogas difundió su cuarto informe de alto nivel: Asumiendo el control: caminos hacia políticas de drogas eficaces. El informe reitera las llamados de la Comisión a la descriminalización del uso de drogas, las alternativas a la prisión y hace un mayor énfasis en la salud pública, derechos humanos y reducción de daños. Además, va más lejos que informes anteriores y hace un llamado a la regulación legal de sustancias psicoactivas. 

La semana pasada, el Director Ejecutivo de la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) – Yury Fedotov – señaló en una conferencia de prensa que cualquier “experimentación” con la regulación legal llevaría a un mayor uso, y que por tanto aumentaría los daños sociales y de salud. Dejando de lado el hecho de que la cobertura mediática continúa centrándose en solo un aspecto del informe de la Comisión, que contiene un amplio abanico de recomendaciones concienzudas sobre como la comunidad internacional puede hacer frente a los retos de los mercados de drogas del siglo XXI, los comentarios del Sr. Fedotov cubren un par de asuntos claves relacionados con iniciativas de regulación legal presentes y futuras. 

Es verdad que la Comisión Global estaba en lo cierto con respecto al hecho de que, para hacer frente a algunos de los problemas más complicados de salud y seguridad asociados con los mercados ilegales, los gobiernos necesitarían desarrollar modelos regulatorios sobre ciertas drogas. Este informe también reconoce que tales iniciativas necesitarían estar cuidadosamente diseñadas para minimizar los riesgos de un uso incontrolado y en aumento – debatiendo temas como controles de precios, límites en la comercialización y medidas para reducir su disponibilidad por parte de los jóvenes. En publicaciones como las de Transform, ‘Una Propuesta para la Regulación  y ‘Como regular el cannabis’ se exploran con más detalle los matices de la regularización. 

Los comentarios del Sr. Fedotov también asumen que mayores tasas de consumo conducirán automáticamente a mayores daños – esta es una asunción que no debería hacerse. Existe amplia evidencia que los daños relacionados con las drogas no aumentan en proporción al nivel de uso – por ejemplo, si más personas usan drogas, pero de una manera más segura, las sobredosis y las infecciones no aumentaran. De forma parecida, si un mercado de drogas crece en tamaño, pero su oferta está controlada por médicos o por agencias del estado en vez de de por el crimen organizado, entonces las amenazas sobre la seguridad personal disminuyen, no aumentan. Cualquier consideración sobre estas futuras opciones políticas debe entrañar una visión más sofisticada que la ecuación “más uso de drogas equivale a mayor daño.”

Dicho esto, es justo preguntar sobre qué impacto podrían tener los mercados regulados en diferentes esferas del uso. Contamos con algunas indicaciones sobre que esperar de experiencias sobre enfoques “tolerantes” en algunos países, donde el cambio político tan solo parece haber impactado marginalmente la prevalencia general. Pero, por primera vez tenemos experiencias vitales que evaluar, en Washington, Colorado y Uruguay. Analistas serios están intentando analizar lo que estas iniciativas pueden contarnos sobre el impacto de los mercados regulados.

Gracias en gran parte a la Comisión Global, estos debates ya no son un tabú. Lamentablemente, sin embargo, las agencias de Naciones Unidas encargadas del sistema de fiscalización sobre drogas, la Comisión de Estupefacientes (CND) y la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) parecen encontrarse muy lejos de los mismos, ya que se encuentran constreñidas por sus alegatos sobre los límites de los tratados existentes, e incapaces o no deseosas unirse a discusión tan válida e intensa sobre como diseñar mercados de drogas regulados que puedan reducir efectivamente los daños. Esperamos que el Sr. Fedotov y otros puedan encontrar una manera de unirse a estos debates.

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