La masacre de Tumaco marca un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico. A propósito del lanzamiento del libro Coca, instituciones y desarrollo, SEMANA habló con su autor, Felipe Cruz, sobre los errores que se han cometido, el papel del Estado y la presión internacional que pide prontos resultados.

Los virajes que ha dado la política de drogas en Colombia nada que empiezan a arrojar resultados. Las alarmas permanecen encendidas por el incremento de los cultivos ilícitos, que rondan las 150.000 hectáreas sembradas. Los esfuerzos del Estado se han quedado cortos para frenar un negocio que se da en medio de un complejo panorama: la presión de Estados Unidos por resultados y la delicada situación en la que están sumidos miles de campesinos. 

La estrategia de garrote y zanahoria de la que echó mano el Gobierno para bajar los indicadores la semana pasada marcó un punto de inflexión cuando se conoció que seis civiles que se oponían a la erradicación forzada fueron masacrados en confusos hechos. La defensoría del Pueblo emitió un informe en el que  asegura que hombres de la Policía Antinarcóticos serían los responsables del asesinato múltiple.  

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