Por Piedra de Toque y Juan Carlos Garzón

Disminuir los cultivos ilícitos a través de la erradicación forzada y los esfuerzos dispersos de sustitución es posible. En el pasado Colombia ha logrado reducciones significativas en el número de las hectáreas con esfuerzos similares, a lo que se sumaba la aspersión área. La interdicción y los golpes a los laboratorios también han hecho su parte. Claro, ahora no están las FARC, pero este factor positivo podría perder su fuerza ante la aparición de viejos y nuevos actores que continúan dinamizando el mercado.

La pregunta de fondo es cómo hacer sostenibles las inversiones del gobierno y el compromiso de las comunidades para que los programas de sustitución sean sostenibles y generen procesos de desarrollo en el mediano y largo plazo, más allá de la meta de la reducción de los cultivos ilícitos.

Recientemente James Windle publicó el libro “Suppresing Illicit Opium Production. Succesfull Intervention in Asia and the Middle East” (2016), cuyas lecciones podrían aportar al debate colombiano sobre el tema de la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos. En esta publicación, Windle hace un análisis comparado de siete países (China, Irán, Turquía, Tailandia, Paquistán, Vietnam y Laos) que lograron disminuir los cultivos de opio en un 90 por ciento – según la evidencia que cita el autor. Hace más de dos décadas UNODC denominó a Laos, Tailandia y Paquistán como países “libres” de opio y en el más reciente Informe Mundial de Drogas 2017, solo Laos aparece en la lista de países productores.  

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Thumbnail Flickr CC papaveraceae