Por Sergio Fanjul

No a la droga: ha sido el mensaje tradicional de las políticas estatales para tratar con estas sustancias. Para prevenir los problemas derivados del consumo de drogas se ha considerado que lo mejor es que nadie las tome (las ilegales, claro, otras como el tabaco o el alcohol son permitidas por la ley y aceptadas por la sociedad). Todo ello debajo del paraguas internacional de lo que se llamó la Guerra contra la Droga que promovieron presidentes de EE. UU. como Richard Nixon o Ronald Reagan y que no ha dado los resultados esperados. “La guerra contra las drogas ha terminado”, ha dicho el filósofo Antonio Escohotado, y parece que no se ha conseguido ganarla. Conseguir droga es tan fácil hoy en día como pedir una pizza, si uno tiene los contactos adecuados, y con frecuencia el repartidor tarda menos. Con este modelo se mantienen, según denuncian los críticos, las organizaciones mafiosas de narcotráfico y se ha dejado un reguero de desigualdades económicas, corrupción, cárcel y muerte. “La educación sobre drogas tiene que enfocarse al uso y no a la abstemia”, también ha dicho el filósofo.

Así que la férrea prohibición habitual no es la única forma de meterle mano al tema de las drogas. La organización Energy Control cumple este año dos decenios abordando el problema bajo otro enfoque: si la gente se va a seguir drogando, como lleva haciendo desde los tiempos más remotos, ya sea por motivos religiosos, espirituales o recreativos, tratemos de que lo hagan de la forma más segura y responsable, con toda la información disponible sobre qué y cómo se está tomando. Lo llaman estrategias de Gestión de Placeres y Riesgos. “Partimos de la idea de que los programas sobre drogas basados en la abstinencia no solucionan el problema”, explica el doctor Fernando Caudevilla (conocido en el entorno como DoctorX), asesor médico de la organización, “en cambio los programas de reducción de riesgos en la heroína (intercambio de jeringuillas, metadona) o en el alcohol (promoción del consumo responsable) no tienen como objetivo principal la abstinencia absoluta. Pero de entrada consiguen que no se mueran, y muchas veces a partir de allí se pueden trabajar más cosas. Y están suficientemente avalados por la ciencia”.

Una de las actividades más conocidas de Energy Control (un proyecto de la ONG Asociación Bienestar y Desarrollo) es la labor de análisis de droga e información sobre su uso en el propio lugar de consumo que llevan a cabo voluntarios: festivales de música, sesiones de electrónica, clubs y discotecas. Su filosofía es que si los jóvenes no van a los centros de salud, ellos van donde están los jóvenes, en un viaje al fin de la noche. “No pretendemos que la gente se lea nuestros folletos a las cuatro de la mañana, pero se lo llevan a casa y al día siguiente sí que pueden leerlos”, dice Caudevilla. Otras de sus actividades son las intervenciones en el medio educativo, el asesoramiento a municipios, la investigación o el asesoramiento personal en sus sedes de Madrid, Barcelona, Mallorca y Andalucía (o por Internet. “Informamos sobre problemas de adicción (que no es el problema principal de las drogas recreativas), pero también sobre problemas legales, efectos secundarios y demás. Por ejemplo, personas con diabetes que quieren informarse sobre los efectos que les puede causar cierta sustancia”, afirma el médico.

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Thumbnail Flickr CC Acid Pix